martes, 13 de enero de 2026

Otro día, otra oportunidad.

 

OTRO DÍA, OTRA OPORTUNIDAD.

 

No importa como haya sido nuestro día ayer, ni la semana anterior, ni el mes anterior, ni el año anterior.  Lo que importa es cómo será nuestro día hoy.  El Señor en Su Palabra no nos instruye que vivamos el día de hoy desde la perspectiva del ayer (Luc_9:62) y tampoco que pensemos nuestro futuro en función de ese mismo pasado.  Dios cambia los tiempos (Dan_2:21) y da nuevas oportunidades cada día (Lam_3:22-23), de tal manera que el día de hoy es único, irrepetible e insustituible.

El Señor en su Palabra nos instruye la forma de vivir cada día: gozándonos y alegrándonos en Él porque Él porque Él hizo nuestro día y lo planeo para eso (Sal_139:13-16).  No importa que los días, semanas y meses anteriores no los hayamos vivido de esa forma.  Hoy es el día de comenzar a vivirlos de esa manera, dejando lo que queda atrás y poniendo nuestra mirada en lo que tenemos delante de nosotros: un día que Dios nos diseñó para buenas obras que Él preparó de antemano para que anduviéramos en ellas (Efe_2:10) y un día para no enfocarnos en lo negativo, adverso, problemática, lo que nos falta, etc., sino en todo lo que Dios ha hecho en nuestras vidas (Sal_103:1-2).  Este día, como cada otro día de nuestra existencia que tenemos por delante, merece la oportunidad para ser un buen día porque Dios lo diseñó para ello.  Cada día, incluido este, sale directamente de la mesa de diseños perfectos de Dios.

Puede ser un día para crecer por medio de las dificultades o un día para disfrutar de Sus bendiciones, pero siempre será un buen día si lo vivimos con la mentalidad perfecta, con la mentalidad del cielo y no con la mentalidad de la tierra (Col_3:1-3).

La invitación de Dios es para que aceptemos regocijarnos en medio de nuestras circunstancias (favorables o desfavorables, agradables o desagradables) porque ello va a hacer una gran diferencia en nuestro día: del pesimismo al optimismo, de la desesperanza a la esperanza, de la queja al agradecimiento, de la desesperación a la confianza, del stress a la tranquilidad, etc.

Si lo hacemos lo mismo hoy que mañana y cada uno de los días siguientes, los días se van a convertir en semanas, en meses, en años de una vida diferente, de una buena vida, un día a la vez.

Cada día es solamente un evento en el proceso de la vida que Dios ha diseñado para nosotros que implica el cumplimiento de Sus planes de bien para darnos un futuro (vida terrenal) y una esperanza (eternidad), llevando nuestra vida como la luz de la aurora, en aumento (Jer_29:11, Pro_4:18), es un día para estrenar, inexplorado, listo para que lo usemos, ya sea en nuestro beneficio o en nuestro prejuicio.  Las circunstancias externas son solo eso, pero la calidad del día que vivamos dependerá de la valoración que le demos a las circunstancias. Si entendemos que todo obra para bien (lo agradable como lo desagradable, lo favorable como lo desfavorable) entonces la valoración de los hechos cambiará: lo desagradable y lo desfavorable será una experiencia de aprendizaje de camino a las bendiciones de los planes de Dios, y lo agradable y favorable será la manifestación del cumplimiento de esos planes para el día de hoy.  En el primer caso toca crecer y en el segundo disfrutar. 

Cada día es un regalo de 24 horas que nunca antes hemos vivido, disponibles para aprovechar al máximo, pero que va a depender de como decidamos vivir el día y enfrentar las circunstancias: con gozo y agradecimiento, o con desánimo. La responsabilidad no es de Dios, la responsabilidad es nuestra (Deu_30:19-20). Él no solo nos ha avisado que ha hecho cada día para que lo disfrutemos y lo gocemos en Él (Sal_118:14), como también nos ha avisado de que en el mundo si bien tendremos aflicciones eventualmente, no temamos porque Él ha vencido al mundo, y como nosotros, los que creemos en Su Nombre estamos en Él y con Él, nosotros también lo venceremos (Jua_16:33), además de que nos dejó dicho también que en Él seríamos más que vencedores en todas las cosas (Rom_8:37), todo lo cual implica que nos podemos gozar anticipadamente, no en las aflicciones, pero sin en las victorias que tendremos al final de ellas y viendo las bendiciones que Él nos permite aún en medio de esas aflicciones.

Por otro lado, lo que nos dice el Sal 118:14 es que nos enfoquemos en el día de hoy, no en el de ayer ni en el de mañana. El de ayer ya pasó y si seguimos enfocados en lo que fue o no fue, en lo que pudo haber sido y no fue, vamos a descuidar nuestro enfoque en el día de hoy y por lo mismo nos vamos a perder las bendiciones de hoy (Luc_9:62), y también nos dice que no nos enfoquemos en el día de mañana, en primer lugar, porque Él también diseñó ese día para que nos gocemos y nos alegremos en Él, además de que no podemos anticipar con seguridad lo que el día traerá; todavía no lo tenemos (Mat_6:34).

Por lo tanto, vivamos el día de hoy, para estar presentes en él y ganar. Enfocarnos en el pasado o en el futuro nos hará ausentes de hoy agobiándonos con los pesares del ayer o con los problemas del mañana, y cuando lo hacemos de esa manera nos estamos saboteando a nosotros mismos el día y nos estamos programando para el desastre acarreando y actualizando los problemas del ayer y trayendo a existencias las incertidumbres del futuro que no sabemos si llegarán, y todo ello traerá o culpa, tristeza, decepción, desánimo, etc., o ansiedad, temor, angustia, incertidumbre, inseguridad, etc. Y con ello dejamos de darle la oportunidad al día de gozo, alegría, esperanza, fe, confianza, fortaleza, etc.

Recibamos cada día, con el inicio del día, Sus misericordias nuevas para con nosotros (Lam_3:22-23), el perdón de nuestros pecados, errores y malas decisiones del ayer (1Jn_1:9), aceptando Sus cuidados de hoy para con nosotros con agradecimiento (1Ts_5:18, Sal_23:1-6) y aceptando Su dirección a través de Su Palabra y Su Espíritu Santo para los asuntos de hoy (Sal_119:105, Rom_8:14), saturándonos de Él para que Él llene todos nuestros días (Sal_42:1, Sal_63:1).

 

 

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