DIAS DE GRACIA.
La
Gracia de Dios es el regalo inmerecido que Él nos da cada día, por el cual sus
bendiciones se hacen manifiestas en nuestras vidas. Hay tres tipos de gracia.
La Gracia general, por la cual Dios bendice con lo mínimo su creación (hace
salir el sol y llover sobre buenos y malos, la Gracia salvífica por la cual
somos salvos (Efe_2:8-9), y la Gracia específica, la Gracia para quienes
son hijos de Dios (Jua_1:12, Rom_8:14-15) por la cual vivimos todos los
días la vida cristiana y Dios nos bendice con el cumplimiento de todas Sus
promesas (las riquezas de Su Gracia, Efe_1:7, Efe_2:7).
Podríamos
decir que Dios es la fuente de la Gracia, y la Gracia es el canal de Sus
bendiciones para Su creación en general, y para Sus hijos de manera especial,
por ello Pablo manifestó en 1Co_15:10 “por la Gracia de Dios soy lo que
soy y he trabajo, no yo, sino la Gracia de Dios conmigo”.
De
tal manera que por la Gracia de Dios, los hijos de Dios somos lo que somos (Efe_2:8-9,
1Pe_2:9-10), por la Gracia de Dios podemos lo que podemos (Efe_2:10,
Fil_4:13) y por la Gracia de Dios tenemos lo que tenemos (Jua_3:27,
Stg_1:17) y por la Gracia de Dios vivimos lo que vivimos (Rom_8:28-29)
aunque no todo sea perfecto pero en el camino de serlo (Fil_1:6), con
todo lo necesario para que caminemos en el propósito de Dios para nuestras
vidas (Sal_139:13-16) y principalmente teniendo a Él (Padre, Hijo y
Espíritu Santo) a nuestro favor en todos los aspectos de la vida (Sal_23:1-5,
Sal_121:1-8, Col_1:17, Col_3:3).
Y
todo ello para que comprobemos la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta
para nosotros (Rom_12:2), Sus planes de bien para darnos un futuro
(terrenal) y una esperanza (la eternidad) y llevar nuestra vida en aumento (Pro_4:18,
Fil_1:6), teniendo una cada vez mayor vida abundante (Jua_10:10),
bendecida (Efe_1:3), plena (Efe_1:22-23), en victoria (Rom_8:31-39)
y en salud y prosperidad (que nos vaya bien) en todas las áreas de la vida (3Jn_1:2).
Y ello solo requiere nuestra decisión de ser salvos (no precio) reconociendo el
Señorío de Cristo en nuestras vidas (Rom_10:8-10, Jua_1:12) que nos es
totalmente conveniente porque en lugar de condenación eterna tendremos vida
eterna, y que gradualmente vayamos viviendo de acuerdo a lo que nos enseña la
Palabra de Dios (Rom_12:2, Efe_4:22-23, 3Jn_1:2, Fil_1:6) con la ayuda
de la Palabra (Sal_119:105) y del Espíritu Santo (Rom_8:26) que
nos empoderan para vivir la vida que Dios quiere que vivamos (Sal_138:8).
Por
la gracia de Dios nuestro carácter imperfecto, compulsivo, impulsivo, terrible,
etc., será transformado paso a paso en el carácter de Cristo (Col_3:18,
Gal_2:20), viviremos en la libertad del pecado y sus consecuencias
(acusación, culpa, juicio, condenación, y todas las emociones negativas que nos
asaltan, Rom_8:1, Rom_8:31-32, 2Co_3:17), y viviendo la vida cada vez
más abundante, plena, bendecida, victoriosa, próspera que es el plan de Dios
para nosotros como ya lo mencionamos anteriormente. De tal manera que ser
salvos y vivir la vida cristiana progresivamente, nos conviene totalmente a
nosotros. Si nosotros no lo hacemos, Dios sigue siendo Dios, pero nosotros no
alcanzamos todo lo que Él tiene para nosotros (Deu_28:1-2). Y en eso
consiste la Gracia: en que todo lo que Dios nos enseña en Su Palabra (leyes,
mandamientos, preceptos, estatutos, principios, etc.) es para nuestro bien
(promesas y bendiciones), sin que ello le agregue nada a Dios más que la
satisfacción de ver a Sus hijos caminando en una vida en aumento cada vez
mayor.
Y
todo ello no es por nosotros mismos, de principio a fin. Es por Su Gracia y
solamente por Su Gracia. Cristo pagó el precio para todo ello cuando aún éramos
Sus enemigos, desobedientes, desleales, burladores, pecadores, etc. Y aun
estando en nuestros delitos y pecados Dios envió Su Espíritu Santo para que nos
quitara la venda de nuestros ojos (1Co_2:14, 2Co_4:4) y nos regenerará (2Co_5:17,
Jua_3:3) y nos empoderara para vivir la vida cristiana dentro del plan de
Dios (Hch_1:8), guiándonos (Rom_8:14), ayudándonos (Rom_8:26),
transformándonos (2Co_3:18).
Ahora
bien, la Gracia y el amor de Dios que incluye Su perdón, no debe ser un motivo
para seguir viviendo de la vieja manera de vivir, en primer lugar porque es
contra nuestra nueva naturaleza (2Pe_1:3-4, 1Pe_1:23), no es un permiso
para el libertinaje y mantenernos en la esclavitud del pecado y de la vieja
manera de vivir, y en segundo lugar, porque si la descuidamos, los que vamos a
sufrir pérdida somos nosotros, haciendo que sea en vano para nosotros (1Co_15:10).
Que la aprovechemos al máximo para crecer en madurez espiritual y humana,
haciendo la voluntad de Dios, que no la
pisoteemos ni afrentemos al Espíritu de Gracia pecando, viviendo en la vieja
manera de vivir como nos enseña Heb_10:29, que seamos libres y sanos de
la amargura (emociones negativas que se enraícen en nuestro corazón) por cualquier
razón para que no nos impida alcanzar Su Gracia (Heb_12:15).
Aprovecharla al máximo también significa vivir en gozo permanente (Sal_118:24),
comunión y agradecimiento con el Dador de la Gracia (1Ts_5:16-18).
Como
ya mencionamos anteriormente, por la Gracia de Dios somos lo que somos, tenemos
lo que tenemos y podemos lo que podemos qué dice Dios en Su Palabra. Y ¿cómo lo
sabemos, conocemos y vivimos? Mediante primero, reconociendo el Señorío de
Cristo en nuestras vidas (Rom_10:8-10), segundo, desarrollando la nueva
naturaleza que Dios nos da (2Co_5:17, 2Pe_1:3-9) mediante el
conocimiento y fe en la Palabra (Sal_119:105), renovando nuestro
entendimiento con ella (Rom_12:2) y atesorándola y creyéndola en nuestro
corazón (Rom_10:17), con la ayuda y comunión del Espíritu Santo (Rom_8:26)
que viene a hacer morada en nosotros cuando entregamos nuestra vida al Señorío
de Cristo (1Co_6:19).
Si
quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has
entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13)
hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés, pidiéndole
que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe
para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenarte sino
para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y que si tú vienes a Él no te
echará fuera, sin importar tu condición (no requiere ningún cambio previo) sino
que te dará la libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37,
Jua_8:31-32, Jua_8:36).
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