lunes, 16 de febrero de 2026

Días de Gracia.

 

DIAS DE GRACIA.

 

La Gracia de Dios es el regalo inmerecido que Él nos da cada día, por el cual sus bendiciones se hacen manifiestas en nuestras vidas. Hay tres tipos de gracia. La Gracia general, por la cual Dios bendice con lo mínimo su creación (hace salir el sol y llover sobre buenos y malos, la Gracia salvífica por la cual somos salvos (Efe_2:8-9), y la Gracia específica, la Gracia para quienes son hijos de Dios (Jua_1:12, Rom_8:14-15) por la cual vivimos todos los días la vida cristiana y Dios nos bendice con el cumplimiento de todas Sus promesas (las riquezas de Su Gracia, Efe_1:7, Efe_2:7).

 

Podríamos decir que Dios es la fuente de la Gracia, y la Gracia es el canal de Sus bendiciones para Su creación en general, y para Sus hijos de manera especial, por ello Pablo manifestó en 1Co_15:10 “por la Gracia de Dios soy lo que soy y he trabajo, no yo, sino la Gracia de Dios conmigo”.

 

De tal manera que por la Gracia de Dios, los hijos de Dios somos lo que somos (Efe_2:8-9, 1Pe_2:9-10), por la Gracia de Dios podemos lo que podemos (Efe_2:10, Fil_4:13) y por la Gracia de Dios tenemos lo que tenemos (Jua_3:27, Stg_1:17) y por la Gracia de Dios vivimos lo que vivimos (Rom_8:28-29) aunque no todo sea perfecto pero en el camino de serlo (Fil_1:6), con todo lo necesario para que caminemos en el propósito de Dios para nuestras vidas (Sal_139:13-16) y principalmente teniendo a Él (Padre, Hijo y Espíritu Santo) a nuestro favor en todos los aspectos de la vida (Sal_23:1-5, Sal_121:1-8, Col_1:17, Col_3:3).

 

Y todo ello para que comprobemos la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta para nosotros (Rom_12:2), Sus planes de bien para darnos un futuro (terrenal) y una esperanza (la eternidad) y llevar nuestra vida en aumento (Pro_4:18, Fil_1:6), teniendo una cada vez mayor vida abundante (Jua_10:10), bendecida (Efe_1:3), plena (Efe_1:22-23), en victoria (Rom_8:31-39) y en salud y prosperidad (que nos vaya bien) en todas las áreas de la vida (3Jn_1:2). Y ello solo requiere nuestra decisión de ser salvos (no precio) reconociendo el Señorío de Cristo en nuestras vidas (Rom_10:8-10, Jua_1:12) que nos es totalmente conveniente porque en lugar de condenación eterna tendremos vida eterna, y que gradualmente vayamos viviendo de acuerdo a lo que nos enseña la Palabra de Dios (Rom_12:2, Efe_4:22-23, 3Jn_1:2, Fil_1:6) con la ayuda de la Palabra (Sal_119:105) y del Espíritu Santo (Rom_8:26) que nos empoderan para vivir la vida que Dios quiere que vivamos (Sal_138:8).

 

Por la gracia de Dios nuestro carácter imperfecto, compulsivo, impulsivo, terrible, etc., será transformado paso a paso en el carácter de Cristo (Col_3:18, Gal_2:20), viviremos en la libertad del pecado y sus consecuencias (acusación, culpa, juicio, condenación, y todas las emociones negativas que nos asaltan, Rom_8:1, Rom_8:31-32, 2Co_3:17), y viviendo la vida cada vez más abundante, plena, bendecida, victoriosa, próspera que es el plan de Dios para nosotros como ya lo mencionamos anteriormente. De tal manera que ser salvos y vivir la vida cristiana progresivamente, nos conviene totalmente a nosotros. Si nosotros no lo hacemos, Dios sigue siendo Dios, pero nosotros no alcanzamos todo lo que Él tiene para nosotros (Deu_28:1-2). Y en eso consiste la Gracia: en que todo lo que Dios nos enseña en Su Palabra (leyes, mandamientos, preceptos, estatutos, principios, etc.) es para nuestro bien (promesas y bendiciones), sin que ello le agregue nada a Dios más que la satisfacción de ver a Sus hijos caminando en una vida en aumento cada vez mayor.

 

Y todo ello no es por nosotros mismos, de principio a fin. Es por Su Gracia y solamente por Su Gracia. Cristo pagó el precio para todo ello cuando aún éramos Sus enemigos, desobedientes, desleales, burladores, pecadores, etc. Y aun estando en nuestros delitos y pecados Dios envió Su Espíritu Santo para que nos quitara la venda de nuestros ojos (1Co_2:14, 2Co_4:4) y nos regenerará (2Co_5:17, Jua_3:3) y nos empoderara para vivir la vida cristiana dentro del plan de Dios (Hch_1:8), guiándonos (Rom_8:14), ayudándonos (Rom_8:26), transformándonos (2Co_3:18).

 

Ahora bien, la Gracia y el amor de Dios que incluye Su perdón, no debe ser un motivo para seguir viviendo de la vieja manera de vivir, en primer lugar porque es contra nuestra nueva naturaleza (2Pe_1:3-4, 1Pe_1:23), no es un permiso para el libertinaje y mantenernos en la esclavitud del pecado y de la vieja manera de vivir, y en segundo lugar, porque si la descuidamos, los que vamos a sufrir pérdida somos nosotros, haciendo que sea en vano para nosotros (1Co_15:10). Que la aprovechemos al máximo para crecer en madurez espiritual y humana, haciendo la voluntad de Dios,  que no la pisoteemos ni afrentemos al Espíritu de Gracia pecando, viviendo en la vieja manera de vivir como nos enseña Heb_10:29, que seamos libres y sanos de la amargura (emociones negativas que se enraícen en nuestro corazón) por cualquier razón para que no nos impida alcanzar Su Gracia (Heb_12:15). Aprovecharla al máximo también significa vivir en gozo permanente (Sal_118:24), comunión y agradecimiento con el Dador de la Gracia (1Ts_5:16-18).  

 

Como ya mencionamos anteriormente, por la Gracia de Dios somos lo que somos, tenemos lo que tenemos y podemos lo que podemos qué dice Dios en Su Palabra. Y ¿cómo lo sabemos, conocemos y vivimos? Mediante primero, reconociendo el Señorío de Cristo en nuestras vidas (Rom_10:8-10), segundo, desarrollando la nueva naturaleza que Dios nos da (2Co_5:17, 2Pe_1:3-9) mediante el conocimiento y fe en la Palabra (Sal_119:105), renovando nuestro entendimiento con ella (Rom_12:2) y atesorándola y creyéndola en nuestro corazón (Rom_10:17), con la ayuda y comunión del Espíritu Santo (Rom_8:26) que viene a hacer morada en nosotros cuando entregamos nuestra vida al Señorío de Cristo (1Co_6:19).

 

Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés, pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenarte sino para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y que si tú vienes a Él no te echará fuera, sin importar tu condición (no requiere ningún cambio previo) sino que te dará la libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

 

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