PRECIO, CONDICIONES O DECISIONES.
Muchas
personas en el ámbito cristiano mencionan que para seguir a Cristo o para
servirlo en alguna asignación y/o ministerio hay que pagar un precio. Sin
embargo, bíblicamente, ello no es así. Todo el precio para seguirlo y para
cualquier asignación que Él nos da, Él ya lo pagó en la Cruz del Calvario. Efe_2:8-10
nos enseña que todo lo que tenemos en Cristo desde la salvación y todo lo que
ella implica posteriormente (la vida de salvos) Jesús la compró para nosotros en
la Cruz despojando a los principados y a las potestades de todo derecho sobre
nosotros y librándonos de sus poderes (Col_2:13-15), para que no solo
fuéramos salvos por gracia por medio de la fe, sino también para que pudiéramos
caminar y realizar las buenas obras que Dios preparó de antemano para que
anduviéramos en ellas, que son las obras de la vida cristiana, por esa misma
gracia por medio de la fe (Efe_2:10).
Probablemente
la mentalidad mercantilista del mundo (“nada es gratis”, “nadie regala nada”),
y que no haya sido renovada la mente en todos los aspectos en la vieja manera de
pensar, hacen creer esa mentira del diablo para desanimarnos. También puede
estar influida esa manera de pensar en el hecho de pretender que todo lo de
Dios debe ser sin esfuerzo (la ley del mínimo esfuerzo), y como la vida en
Cristo y el desarrollo de las asignaciones que Él nos da requieren algún
esfuerzo, eso deriva en pensar que esas cosas tienen un precio. Ahora bien, ese
esfuerzo no es un pago o precio; es el resultado de una decisión que va a
requerir de carácter, persistencia y perseverancia, de ninguna manera un
precio.
De
lo anterior podemos deducir claramente que lo que si se requiere en cualquiera
de esas cosas son decisiones, qué a nuestra carne, ego o yo no les va a gustar
porque van a implicar la renuncia a que ellos controlen nuestras decisiones y
hagamos lo que ellos quieran, que para la carne puede parecer un precio que
ello tenga que pagar, pero en realidad no es un precio, es una decisión.
La
Palabra nos enseña en Deu_30:19-20, que Dios ha puesto delante de
nosotros la bendición y la maldición, la vida o la muerte, y que escojamos la
vida y la bendición para que nos vaya bien en todo, y eso es decisión, no
precio. Lo contrario, la maldición y la muerte son los resultados de escoger
según lo que la carne quisiera (Gal_6:7-8), y al no escogerlo, la carne
nos hace pensar que es un precio que estamos pagando.
La
Palabra también nos enseña en Efe_4:22-24 que nos despojemos de la vieja
manera de pensar (la manera de la carne que esta viciada conforme a sus deseos
engañosos) y nos revistamos de la nueva manera que está creado en Dios en
santidad y verdad, y ello también es una decisión, no un precio.
En Rom_12:2
también la Palabra nos enseña que nos renovemos en la manera de pensar conforme
a lo que nos enseña la Palabra, que no pensemos como el mundo (conforme a lo
que le agrada da la carne), para que podamos comprobar cuál sea la buena
voluntad de Dios agradable y perfecta, y ello también es una decisión, no un
precio.
Otras
cosas que nos enseña la Palabra de Dios en cuanto a seguir a Cristo y el
servicio en cualquier asignación que Él tenga para nosotros es que todo lo
podemos en Cristo que nos fortalece (Efe_4:13), que Dios pone en
nosotros el querer como el hacer (Fil_2:13) y que Él nos ha llenado con
el poder de Su Espíritu Santo (Hch_1:8) para ayudarnos en todas las
cosas (Rom_8:26), de tal manera que nos ha equipado para ello, y eso no es un
precio, es un empoderamiento, y es por gracia, no por obras ni méritos.
Todas
esas decisiones que necesitamos tomar en nuestra vida como creyentes para
seguir a Cristo y para cualquier asignación que Él tenga para nosotros, son
decisiones que nos convienen porque nos dirigen hacia una vida plena (Efe_1:22-23),
bendecida (Efe_1:3), abundante (Jua_10:10), en victoria (Rom_8:31-39),
en aumento (Pro_4:18), en prosperidad en todas las áreas de la vida (3Jn_1:2),
y al cumplimiento de los planes de bien y no de mal que Dios tiene para
nosotros para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11). Y son de
nuestra exclusiva conveniencia, porque las tomemos o no, Él va a seguir
reinando en Su Trono y Él sigue siendo Dios, porque Él no necesita de nosotros
porque es “El Todopoderoso” y los que si necesitamos de Él somos nosotros (1Co_15:10,
Jua_15:5, Jua_3:27, Stg_1:17).
De
tal manera que si has tenido la idea de que para ser cristiano tienes que pagar
un precio o el esfuerzo que implica es grande, y ello te ha impedido la
bendición de la salvación ahora y por la eternidad, y de vivir la vida plena y
bendecida en Dios, hoy es el tiempo de dejar atrás esos pensamientos y abrazar
la salvación que es en Cristo. Si
quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has
entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13)
hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés, pidiéndole
que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe
para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenarte sino
para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y que si tú vienes a Él no te
echará fuera, sin importar tu condición (no requiere ningún cambio previo) sino
que te dará la libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37,
Jua_8:31-32, Jua_8:36).
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