EL TEMOR DE DIOS.
A
veces, por el énfasis que se hace en que Dios es un Dios de amor, misericordia
y gracia, además de un entendimiento incorrecto de la frase “ya no estamos bajo
la ley sino bajo la gracia” nos olvidamos del temor de Dios dejándolo relegado
al Antiguo Testamento, y como si en el Nuevo Testamento ya no fuera necesario,
Sin embargo, todo lo contrario.
En
primer lugar, necesitamos, viviendo bajo la Gracia, la sabiduría que es la
aplicación práctica de la Palabra de Dios en las situaciones específicas de
nuestra vida, y el principio de la sabiduría es el temor de Dios (Pro_1:7).
En
segundo lugar, en Rom_3:18 la Palabra nos enseña que una característica
de las personas en este tiempo, lo cual en mayor o menor medida aplica también
a los creyentes, es que no hay temor de Dios delante de ellos.
En 2Co_7:1
la Palabra nos enseña que la santidad se perfeccionar en el temor de Dios, y la
búsqueda de la santidad en todos los aspectos de nuestra vida es la voluntad de
Dios para con nosotros (1Ts_4:3, 1Ts_4:7), pues sin santidad nadie le
verá (Heb_12:15).
En Efe_5:21,
cuando la Palabra compara la vida de la iglesia con la de un matrimonio, inicia
instruyéndonos que nos sometamos unos a otros en el temor de Dios, lo que
implica la necesidad del temor de Dios en la vida de la iglesia para
presentarnos delante de Él como una novia limpia, santa, gloriosa, sin mancha y
sin arruga (Efe_5:25-27).
El
temor de Dios no debería ser terror, pánico, miedo, pero si respeto,
reverencia, honra, obediencia, entendiendo que Dios es nuestro Padre, pero
también es Dios Todopoderoso, Omnisciente, Omnipresente, Justo, Santo, etc.,
que no puede tener por inocente al culpable, y que no puede ser burlado porque
todo lo que sembramos eso también cosecharemos (consecuencia, Gal_6:7-8)
de manera que si sembramos para el Espíritu cosecharemos vida eterna, pero si
sembramos para el pecado (la carne) cosecharemos corrupción.
Nuestro
Padre es un Padre amoroso, pero también es un Padre responsable que quiere lo
mejor para Sus hijos y por ello los forma, y dentro de ese proceso de formación
está Su disciplina amorosa (Heb_12:5-11), porque el Señor al que ama lo
disciplina y, si es necesario, azota a todo el que recibe por hijo (Heb_12:6)
y si nos dejara sin disciplina entonces no seríamos hijos sino bastardos (Heb_12:8).
Y todo ello porque si bien es cierto que la disciplina cuando la recibimos no
es causa de gozo sino de tristeza, posteriormente dará frutos apacibles de
justicia a los que en ella hemos sido ejercitados (Heb_12:11), siendo
partícipes de Su Santidad lo cual nos es provechoso porque la obediencia y la
santidad son un vehículo por el cual las bendiciones de Dios se manifiestan en
nuestras vidas (Mat_6:33, Deu_28:1-2).
Si
bien es cierto la Palabra de Dios nos insiste mucho en que Dios en grande en
amor, misericordia, gracia y favor, también nos recuerda que Él es fuego
purificador y jabón de lavadores (Mal_3:2) y horrenda cosa es caer en
manos del Dios vivo (Heb_10:31).
Pero,
si verdaderamente amamos al Señor y procuramos caminar en obediencia a Su
Palabra (Mat_14.15-17, Mat_14:21, Mat_14:23) no deberíamos tener temor
de la disciplina del Señor porque Él también es lento para la ira y grande en
misericordia (Sal_86:15, Sal_103:8, Sal_145:8) además de que contamos
con la ayuda del Espíritu Santo para ayudarnos a no pecar (Rom_8:26) y
si pecáramos, Él también nos convence de pecado, de justicia y de juicio (Jua_16:7-8)
para que inmediatamente nos volvamos al Señor en arrepentimiento y confesión
para el perdón de nuestros pecados (1Jn_1:8) sabiendo que Sus
misericordias son nuevas para con nosotros todos los días (Lam_3:22-23).
De
tal manera que, así como vivimos bajo el amor de Dios, Su Gracia y Su
Misericordia, también vivamos equilibradamente en el temor de Dios: respeto,
honra, reverencia y obediencia a Él y en todo nos irá bien y viviremos
confiadamente bajo Su Abrigo en protección, provisión, seguridad, bendición,
confianza, reposo, dirección, etc.
Vivir
en temor de Dios no es vivir aterrados, sino vivir en amor hacia Él, siguiendo
Sus instrucciones que son para nuestro bien, dejándonos guiar por Su Palabra (Sal_119:105)
y por Su Espíritu Santo (Rom_8:14), para que en todo nos vaya bien y
vivíamos en Su buena voluntad, agradable y perfecta (Rom_12:2), lo que
implica vivir en Sus planes de bien para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11),
en una vida abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida
(Efe_1:3), en victoria (Rom_8:31-39), en aumento (Pro_4:18)
y en prosperidad (que nos vaya bien en todas las cosas (3Jn_1:2).
Si
aún no has reconocido el Señorío de Cristo en tu vida de todo corazón (Jua_1:12,
Rom_10:8-10, Rom_10:13) y/o no estás viviendo bajo este aliento del cielo
(amor y temor de Dios), hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí
donde estés, pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su
Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al
mundo para condenarte sino para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y
que si tú vienes a Él no te echará fuera, sin importar tu condición (no
requiere ningún cambio previo) sino que te dará la libertad para vivir todo
aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).
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