lunes, 16 de febrero de 2026

Delicias en medio de la adversidad.

 

DELICIAS EN MEDIO DE LA ADVERSIDAD.

 

A todos, pienso qué sin excepción, nos gustaría vivir toda nuestra vida en una delicia, y sin adversidades, pero ello, por el mundo en que vivimos, imperfecto y pecador, es imposible. Si no es por nuestras imperfecciones y/o pecado, es por las de los demás que debemos enfrentar adversidades en mayor o menor grado.

 

Sin embargo, a pesar de las adversidades, si podemos vivir una vida en delicias constantes, si no es que permanentes. Y ello es cuando ponemos nuestra vida, confianza, seguridad, pensamientos, etc., en las manos de Dios.

 

Él nos enseña en Su Palabra que ha hecho cada día para que nos gocemos y nos deleitemos en Él (Sal_118:24) porque en Su Presencia hay plenitud de gozo y delicias para siempre (Sal_16:11), y además de las delicias nos da Su gozo que es nuestra fortaleza (Neh_8:10) para superar toda adversidad.

 

Sin embargo, a pesar de las adversidades, si podemos vivir una vida en delicias. Y ello es cuando ponemos nuestra vida, mirada, pensamientos, etc., en las manos de Dios. En Mat_11:28-30 Jesús nos instruye a que traigamos todas nuestras cargas delante de Él (incluye las adversidades) y que Él nos hará descansar si aprendemos de Él que es manso y humilde de corazón, y nos ponemos Su yugo (ayuda, obediencia, dirección) porque Su yugo es fácil y ligera su carga y hallaremos descanso para nuestras almas. Por otro lado, el Sal_23:1-3 también nos enseña que si Él es nuestro Pastor (y nosotros sus ovejas que oímos Su voz y le obedecemos, Jua_10:27), entonces no solo nada nos faltará, sino que Él nos hará descansar en lugar de delicados pastos, junto a aguas de reposo nos pastoreará, confortará nuestra alma y nos guiará por sendas de justicia por amor de Su Nombre (y todo ello es delicia).

 

El Señor ha creado cada uno de nuestros días para que nos gocemos y nos alegremos en Él (delicias), no para que los suframos, aunque no ignora el hecho de que algunas veces podremos enfrentar aflicción (Jua_16:33), pero si estamos en Él las venceremos cada día. Y aunque parezca imposible, recordemos que para Él nada hay imposible (Luc_1:37) y para el que puede creer en Él todo es posible (Mar_9:23). Para ello, empecemos cada día reconociendo Su Gracia (Jua_1:16-17) y ello implica reconocer que todo lo que somos, tenemos y podemos es un regalo de Su Gracia (1Co_15:10, Jua_3:27, Stg_1:17) y ser agradecidos con todo (1Ts_5:18), aun lo que no es una delicia porque Él lo hará obrar para nuestro bien (Rom_8:28-29). Al hacerlo, los días que podrían ser de quejas y lamentos se convertirán en días de gratitud, de gozo y de gracia (Isa_61:1-3) porque la gratitud es hija de la gracia y es la reacción correcta de los bendecidos, los hijos de Dios, los salvos en Cristo (Efe_1:3), y tan correcta que su ausencia sorprendió a Jesús cuando sanó a los diez leprosos y solamente uno regreso a darle las gracias (Luc_17:17-19) y como la gratitud atrae más gracia, este hombre agradecido no solo recibió de Jesús su sanidad sino también su salvación.

 

Vivir días con gratitud y en delicia delante del Señor implica también aceptar Su perdón, Su voluntad, Sus bendiciones, reconociéndolas cada día con agradecimiento (1Ts_5:18) porque son buenas, agradables y perfecta (Rom_12:2) sin ningún lugar a duda, porque nos dirigen a una vida abundante (Jua_10:10), plena (Efe_1:22-23), bendecida (Efe_1:3), victoriosa (Jua_10:10), próspera (3Jn_1:2) y en aumento (Pro_4:18), en cumplimiento de Sus planes de bien para nosotros para darnos un futuro y una esperanza (Jer_29:11).

 

Dios quiere darnos todo ello (y por ello la vida en Él es una delicia, y en agradecimiento), y para que lo logremos nos ha dado Su Palabra para que obedeciéndola sea nuestra guía para alcanzarlo (Sal_119:105) y además nos ha dado Su Espíritu Santo que vive en nosotros (1Co_6:19) y nos regala Su poder y Su ayuda para que lo logremos (Hch_1:8, Rom_8:26), que, por cierto, es otro motivo más de agradecimiento y de gozo.

 

Si quieres experimentar este aliento del cielo en tu vida y aún no le has entregado tu vida a Cristo de todo corazón (Jua_1:12, Rom_10:8-10, Rom_10:13) hoy es el día de hacerlo con una sencilla oración allí donde estés, pidiéndole que perdone tus pecados, ayude tu incredulidad y por Su Espíritu Santo te guíe para experimentarlo, sabiendo que Cristo no vino al mundo para condenarte sino para que seas salvo por Él (Jua_3:16-17) y que si tú vienes a Él no te echará fuera, sin importar tu condición (no requiere ningún cambio previo) sino que te dará la libertad para vivir todo aquello que Él nos ha prometido (Jua_6:37, Jua_8:31-32, Jua_8:36).

 

 

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