Lo más importante en el ministerio no es el ministerio, los dones, las habilidades, los edificios, los recursos. Lo más importante son las personas y su bienestar (Jn 10:10, Luc 4:18-19).
Para un ministerio eficaz es indispensable que tengamos un corazón sano, porque el Ministerio de Cristo es sanar los corazones (Luc 4:18-19, Isa 61:1-10), y no podemos dar lo que no tenemos. Los celos, la envidia, la murmuración, la crítica, la competencia, etc., son evidencias de un corazón que no está sano.
La victoria espiritual sólo viene para aquellos que están preparados para la batalla (2 Tim 2:1-6, Efe 6:10.20).
No hay miembro sin importancia en el Cuerpo de Cristo. Dios nos ha equipado y tiene trabajo para todos Sus hijos sin importar su edad o su capacidad (1 Cor 12:4-7, 1 Ped 4:10).
En el Ministerio, y en la vida del cristiano en general, Dios espera frutos espirituales (Gal 5:22-23), no obras religiosas; frutos del corazón, no obras externas; cambios internos, no externos solamente (Mat 7:21-23, Rom 8.29).
Muchos de los fracasos en la vida le sucede a gente que no se da cuenta lo cerca que estaban del éxito cuando se dieron por vencidos. No te rindas. El justo cae y se vuelve a levantar (Prov 24:16) porque Dios no lo deja caído para siempre (Sal 55:22).
La mejor manera de conocer lo que Dios quiere que hagamos es diciéndole “lo haré” (Ecle 9:10, Mat 14:13-21).
miércoles, 14 de abril de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario