miércoles, 14 de abril de 2010

El cristianismo: un estilo de vida.

Seguid la paz con todos (no la competencia) y la santidad (no el “éxito”, ni el bienestar económico, ni la comodidad, ni el materialismo) sin la cual nadie verá al Señor (Heb 12:14).

Jesús no viene por la iglesia sino por una iglesia pura, limpia, sin mancha y sin arruga (Efe 5:27).

Ser cristiano no es una etiqueta, una afiliación o una membresia (Hch 11:26). Es un estilo de vida que surge de un corazón redimido, regenerado y renovado (Tit 3:5) por una relación constante (no dominguera) con el Redentor.

En el Ministerio, y en la vida del cristiano en general, Dios espera frutos espirituales (Gal 5:22-23), no obras religiosas; frutos del corazón, no obras externas; cambios internos, no externos solamente (Mat 7:21-23, Rom 8.29).

Las advertencias son una expresión de amor; las amenazas son una expresión de control (Deut 30:19-20). Dios no amenaza; solo nos advierte. Por ninguna razón amenacemos (Efe 6:9).

La amabilidad y las sonrisas son regalos que cualquiera puede dar y que todos necesitamos. Seamos regalados para prodigarlas (Tit 3:2).

La mejor manera de conocer lo que Dios quiere que hagamos es diciéndole “lo haré” (Ecle 9:10, Mat 14:13-21).

El contentamiento viene cuando la voluntad de Dios es más importante que nuestros deseos (Mat 26:42, Heb 12:2, Fil 2:5-11).

Insultar a la criatura es insultar al Creador de esa criatura. Maltratar la creación de Dios es ofender a Su Creador (Rom 11:36, Efe 4:29). Todo lo que Dios hizo es bueno y bueno en gran manera (Gen 1:31) y de El viene toda buena dádiva y todo regalo perfecto (Sant 1:17). Si hay algo que está mal, esa es obra del diablo, que trata de torcer lo que Dios hace bueno y de los seres humanos que ayudamos a arruinar lo que Dios creo bueno y hermoso. No colaboremos en esa tarea.

Muchos de los fracasos en la vida le sucede a gente que no se da cuenta lo cerca que estaban del éxito cuando se dieron por vencidos. No te rindas. El justo cae y se vuelve a levantar (Prov 24:16) porque Dios no lo deja caído para siempre (Sal 55:22).

Es mejor buscar la aprobación de Dios (el carácter, el fruto del Espíritu) que el respaldo (los dones) (Mat 7:21-23). Los dones sin el carácter pueden terminar en una falsa confianza que nos va a ocasionar problemas.

Dios no mide nuestras vidas por lo que ganamos, conocemos, tenemos, controlamos, etc. Dios la mide por lo que damos, compartimos, somos y servimos.

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