No solo estamos llamados a buscar nuestra salvación y la de nuestro prójimo, sino también a ser instrumentos de Dios en la transformación de nuestra nación (Prov 11:10-11, 2 Cro 7:14, Rom 8:19-21). ¿Qué estamos haciendo para cumplir con ese propósito que nos ha dado nuestro Padre como co-herederos con Cristo de ella?
El escapismo respecto a los problemas que afectan a nuestra nación no es una función de la Iglesia ni es agradable delante de Dios (el juicio de las naciones, Mat 25:31-46). Somos la respuesta de Dios no solo para la salvación de las personas, sino también para la transformación de nuestras naciones (Mat 5:13-16, Mat 13:33). Preparémonos para ello, orando, pero también, como consecuencia de la oración y la fe, buscando las soluciones y las respuestas de Dios a esos problemas (Mat 7:7).
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario