El éxito genuino no se mide ni por las posiciones ni por las posesiones (Mat 23:12, Luc 12.15-21). Se mide por cuanta gente te sonríe, amas, te recordará cuando te haya ido, ayudas, evitas lastimar, perdonas. De si tus logros no hieren a los demás. De si usaste tu corazón tanto como tu cabeza, si fuiste egoísta o generoso, arrogante o humilde, soberbio o considerado, exigente o tolerante (Mar 10:42-45, Prov 10:7).
El poder genuino no se trata de a cuantas gentes controlas, manejas o convocas. Se trata de a cuantas gentes sirves, escuchas, consuelas, ayudas, animas (Mar 10:42-45, Hch 1:8).
El verdadero éxito y poder es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu carácter y conducta. De ser más, no de tener más. Se trata de justicia, bienestar y bien tener (Mat 7:21-23, Apo 3:14-17).
Exitoso no es el que tiene mucho sino el que ama mucho (Mat 22:36-40).
Exitoso no es el que tiene muchos seguidores (por ejemplo, Hitler), sino el que los sirve (Mat 10:42-45).
El éxito comienza con las actitudes del corazón, no con la imagen externa (Prov 4:23).
Una persona exitosa no es la que tiene mucho (conocimientos, bienes, seguidores, comodidad, etc.). Una persona exitosa es la que hace la voluntad de Dios (Mat 7:21-23).
miércoles, 14 de abril de 2010
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