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Mostrando entradas de abril, 2010

Una carta especial para tí.

Hijo mío. Es probable que no me conozcas, pero Yo te conozco perfectamente bien. Sé cuando te sientas y cuando te levantas; todos tus caminos me son conocidos; aún tus cabellos los tengo todos contados. Antes de que fueras formado en el vientre de tu madre te conocí y en Mi vives, te mueves y eres. Fuiste predestinado conforme a Mi propósito. Tu nacimiento no fue un error, pues en Mi libro estaban escritos todos tus días sin faltar ninguno de ellos. Yo determiné el momento exacto de tu nacimiento y donde vivirías. Tu creación fue maravillosa. He sido mal representado por aquellos que no Me conoce, que te han hecho creer que pudiera estar enojado o distante de ti. Eso nunca podrá ser porque Soy la manifestación perfecta del amor y deseo derramar Mi amor sobre ti, simplemente por el hecho de que eres Mi hijo y Yo soy tu Padre y Mis pensamientos sobre ti se multiplican más que la arena en la orilla del mar. Me regocijo en ti con cánticos, y nunca dejaré de hacerte bien porque tú eres Mi e...

Cristianismo y responsabilidad social.

No solo estamos llamados a buscar nuestra salvación y la de nuestro prójimo, sino también a ser instrumentos de Dios en la transformación de nuestra nación (Prov 11:10-11, 2 Cro 7:14, Rom 8:19-21). ¿Qué estamos haciendo para cumplir con ese propósito que nos ha dado nuestro Padre como co-herederos con Cristo de ella? El escapismo respecto a los problemas que afectan a nuestra nación no es una función de la Iglesia ni es agradable delante de Dios (el juicio de las naciones, Mat 25:31-46). Somos la respuesta de Dios no solo para la salvación de las personas, sino también para la transformación de nuestras naciones (Mat 5:13-16, Mat 13:33). Preparémonos para ello, orando, pero también, como consecuencia de la oración y la fe, buscando las soluciones y las respuestas de Dios a esos problemas (Mat 7:7).

El éxito genuino.

El éxito genuino no se mide ni por las posiciones ni por las posesiones (Mat 23:12, Luc 12.15-21). Se mide por cuanta gente te sonríe, amas, te recordará cuando te haya ido, ayudas, evitas lastimar, perdonas. De si tus logros no hieren a los demás. De si usaste tu corazón tanto como tu cabeza, si fuiste egoísta o generoso, arrogante o humilde, soberbio o considerado, exigente o tolerante (Mar 10:42-45, Prov 10:7). El poder genuino no se trata de a cuantas gentes controlas, manejas o convocas. Se trata de a cuantas gentes sirves, escuchas, consuelas, ayudas, animas (Mar 10:42-45, Hch 1:8). El verdadero éxito y poder es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu carácter y conducta. De ser más, no de tener más. Se trata de justicia, bienestar y bien tener (Mat 7:21-23, Apo 3:14-17). Exitoso no es el que tiene mucho sino el que ama mucho (Mat 22:36-40). Exitoso no es el que tiene muchos seguidores (por ejemplo, Hitler), sino el que los sirve (Mat 10:42-45...

El cristianismo: un estilo de vida.

Seguid la paz con todos (no la competencia) y la santidad (no el “éxito”, ni el bienestar económico, ni la comodidad, ni el materialismo) sin la cual nadie verá al Señor (Heb 12:14). Jesús no viene por la iglesia sino por una iglesia pura, limpia, sin mancha y sin arruga (Efe 5:27). Ser cristiano no es una etiqueta, una afiliación o una membresia (Hch 11:26). Es un estilo de vida que surge de un corazón redimido, regenerado y renovado (Tit 3:5) por una relación constante (no dominguera) con el Redentor. En el Ministerio, y en la vida del cristiano en general, Dios espera frutos espirituales (Gal 5:22-23), no obras religiosas; frutos del corazón, no obras externas; cambios internos, no externos solamente (Mat 7:21-23, Rom 8.29). Las advertencias son una expresión de amor; las amenazas son una expresión de control (Deut 30:19-20). Dios no amenaza; solo nos advierte. Por ninguna razón amenacemos (Efe 6:9). La amabilidad y las sonrisas son regalos que cualquiera puede dar y que todos ne...

La Paternidad de Dios.

El propósito de Dios (que es Padre) fue establecer una familia de hijos (Jn 1.12), no un equipo de sirvientes (Jn 15:15); un Reino de hijos, no de súbditos; establecer relaciones, no religiones (ritos, cultos, fórmulas, etc.). El Evangelio son las buenas noticias de Papá enviadas a sus hijos e hijas alejados de El por sus propias malas decisiones, de que pueden volver a casa como hijos e hijas plenos. Apúrate a regresar a casa, tu Papá te está esperando con los brazos abiertos y el corazón anhelante (Luc 15:11-31). Jesús vino para mostrarnos la más grande revelación de Dios: el Padre. El no vino a revelarse a sí mismo. El nos enseñó que la relación que tenemos con Dios es la de Padre-hijos. Dios es Su profesión y actividad. Padre es la relación que tiene con nosotros. El nos llama para ser hijos porque El es Padre (Jn 1:12, Rom 8:14-16). El anhelo del corazón de Dios no es que le llamemos solamente Dios, sino Padre: “Yo me dije a mí mismo: “Los trataré como a mis hijos, les daré...

El ministerio.

Lo más importante en el ministerio no es el ministerio, los dones, las habilidades, los edificios, los recursos. Lo más importante son las personas y su bienestar (Jn 10:10, Luc 4:18-19). Para un ministerio eficaz es indispensable que tengamos un corazón sano, porque el Ministerio de Cristo es sanar los corazones (Luc 4:18-19, Isa 61:1-10), y no podemos dar lo que no tenemos. Los celos, la envidia, la murmuración, la crítica, la competencia, etc., son evidencias de un corazón que no está sano. La victoria espiritual sólo viene para aquellos que están preparados para la batalla (2 Tim 2:1-6, Efe 6:10.20). No hay miembro sin importancia en el Cuerpo de Cristo. Dios nos ha equipado y tiene trabajo para todos Sus hijos sin importar su edad o su capacidad (1 Cor 12:4-7, 1 Ped 4:10). En el Ministerio, y en la vida del cristiano en general, Dios espera frutos espirituales (Gal 5:22-23), no obras religiosas; frutos del corazón, no obras externas; cambios internos, no externos solamente (Mat 7...

La sanidad del alma y el perdón.

El dolor, la falta de perdón, el rencor, la amargura, los celos, la envidia, la sed de venganza y cosas parecidas a estas con como las granadas de mano. Hay que tirarlas muy lejos antes de que te destruyan (Heb 12.14-15). Perdonar es soltarme del pasado que me ata y no me deja avanzar hacia el cumplimiento de los planes que Dios tiene para mi (Jer 29.11). No perdonar es renunciar al cumplimiento de los planes de Dios para mi (Luc 9:62). Perdonemos, dejemos atrás el pasado y vayamos hacia adelante, hacia el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo (Fil 3:14). Podemos dejar de perdonar a los demás cuando Cristo deje de perdonarnos (1 Jn 1:9, Efe 4:32). Un corazón lastimado, adolorido, amargado, resentido, nos deja cautivos de los recuerdos y sentimientos negativos del pasado, sin capacidad para ver el futuro (Heb 12.15). Pero no tiene que ser así. Podemos liberarnos de todo ello mediante el perdón. Perdona como fuimos perdonados por Cristo (Efe 4:32, Rom 5:5). Un corazón la...

Evangelismo y discipulado.

En el ministerio terrenal del Señor Jesucristo, las personas que lo escucharon captaron con claridad las expectativas de lo que podían recibir de Jesús; pero también captaron con igual claridad LAS EXPECTATIVAS de lo que Jesús esperaba de ellos, así que si una de ellas decidía recibirlo, tenía que estar consciente de lo que Jesús esperaba de ella, tanto como de las bendiciones que podía gozar al convertirse en un seguidor de Jesús. Mat 6.33 lo deja muy en claro: busca el Reino de Dios y su justicia (Señorío, obediencia, Autoridad), y todo lo demás nos vendrá por añadidura. El creyente seguirá siendo solo creyente si se estanca en el nivel salvífico de la Gracia obteniendo solo el nivel básico de la bendición de Dios (El suplirá todas sus NECESIDADES conforme a Sus riquezas en gloria) y cumpliendo Sus planes y Sus propósitos también solo en un nivel básico; pero si se convierte en discípulo, al abrazar también la verdad, entrará en otro nivel de bendición (Hijo, yo deseo que t...

La división en las Iglesias.

Estas notas son un resumen, con mis comentarios y agregados, del folleto "Las divisiones en la Iglesia" del Apóstol Norman Parish Las divisiones no son nada nuevo en la Iglesia Cristiana, aunque también es evidente que a medida que se acerque la Segunda Venida de Cristo van a ir en aumento. La Iglesia del primer siglo tuvo que enfrentar la amenaza y la posibilidad de un cisma por las siguientes razones: UNO. Económicas y raciales: la distribución de la ayuda a las viudas griegas (Hch 6:1-7). DOS. Doctrinales: la circuncisión y la observancia de la ley (Hch 15:1-21). TRES. Personales: la preferencia por ciertos líderes de renombre (1 Cor 1:10-13, 3:1-8). Gracias a Dios, en la mayoría de los casos, la Iglesia tuvo la suficiente sabiduría, humildad y paciencia para enfrentar estos conatos de división y resolverlos, antes que dañaran irreparablemente la buena imagen del Evangelio en el mundo. La primera rebelión y división ocurrió en los mismos cielos, cuando Lucifer, un ser a...